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    OBLIGACIONES Y CONTRATOS 1. Concepto, validez, consentimiento, eficacia, interpretación, rescisión de los contratos


    1. Concepto, validez, consentimiento, eficacia, interpretación, rescisión de los contratos

    Tras la compra de la parcela en el pueblo de doña Rosario, Pedro y Sonia están muy ilusionados, ya tienen un principio de proyecto y algo que empieza a ser suyo.
    La idea de dejárselo en usufructo a su tía no ha cristalizado, doña Avelina ya ha entrado en una edad en la que no quiere ninguna preocupación, y estas cosas siempre acarrean problemas. La posibilidad de que el arrendamiento les proporcione unos ingresos que les ayuden a pagar la compra de la parcela no es descabellada, para ello se han desplazado de nuevo al pueblo, para ver si encuentran a alguien interesado en realizar algún negocio con el terreno.
    Saben que van a necesitar arreglar mucho papeleo y están pensando dejar todo las cuestiones legales en manos de profesionales, ya que habrá que hacer contratos y saber qué obligaciones tienen los que firman dichos contratos. Como siempre les daremos una pequeña noción para que sepan lo que se les avecina.

    Recogiendo el principio consensualista, clásico del Derecho español, el Código Civil entiende que el contrato nace desde que «una o varias personas consienten en obligarse, respecto de otra u otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio». Por tanto, el acuerdo de voluntades es el elemento definidor básico del origen de los contratos y puede ser, por otra parte, título para la constitución de derechos reales.
    Sin embargo, en determinados casos, no basta esta concurrencia de consentimiento, sino que, además, será preciso que los contratos revistan una determinada forma, esto es, que se incluyan en documento (público o privado).
    Por tanto, tiene especial trascendencia en el nacimiento de los contratos el Principio de autonomía de la voluntad: Las partes pueden determinar libremente el contenido del contrato dentro de los límites impuestos por las normas, las buenas costumbres y el orden público.
    La libertad de pacto contractual, es decir, la libertad de fijación de las cláusulas del contrato sin otros límites que los genéricamente establecidos.
    Principio de relatividad contractual: Los contratos sólo producen efecto entre las partes que los otorgan y sus herederos (salvo, en cuanto a éstos, la intransmisibilidad de los derechos y obligaciones que proceden del contrato). Dicho de otra forma, los contratos no producen efectos frente a terceros que no tengan la condición originaria o sobrevenida de parte del contrato.
    Requisitos de validezLos requisitos de constitución de los contratos son: Consentimiento de los contratantes, objeto cierto que sea materia del contrato y causa de la obligación que se establezca.
    Se entenderá el concurso de voluntades cuando exista acuerdo en la oferta contractual y se dé su aceptación, conformándose, así, el consentimiento contractual. Se entiende que no pueden prestar válidamente el consentimiento para contratar los menores (no emancipados) ni los declarados incapaces por resolución judicial. Tampoco servirá para celebrar válidamente el contrato el consentimiento prestado por error, violencia, intimidación o dolo.
    Objeto. Los contratos se pueden celebrar sobre todos los objetos que no estén «fuera del comercio de los hombres». Este objeto debe venir acompañado de tres requisitos: licitud, posibilidad y determinabilidad. El objeto deberá recaer sobre cosa determinada.
    Causa. El Código Civil no da un concepto genérico de causa de los contratos, sino específico para cada uno. Del examen de los contratos se deduce un sentido objetivo. La causa sería el fin que se persigue en cada supuesto contractual (contraprestación, servicio que se remunera, liberalidad) ajeno a la intención o finalidad meramente subjetiva de los contratantes (móvil interno).

    Eficacia El Código Civil consagra, también, el denominado principio de libertad de forma de los contratos, en cuya virtud, los contratos deben considerarse válidos cualquiera que sea su forma (salvo que la ley exija una determinada forma como presupuesto de validez). Por tanto, la forma requerida no tiene el carácter de elemento esencial del negocio ya que la forma puede servir a múltiples finalidades. Son excepciones a este principio (contratos formales), por ejemplo, las capitulaciones matrimoniales, la creación de derechos reales sobre inmuebles o los poderes notariales para comparecer en juicio.
    Interpretación Como el contrato es el resultado de las voluntades coincidentes y contrapuestas de las partes que lo celebran, interpretar un contrato es indagar el sentido y alcance que debe atribuirse al consentimiento contractual o común intención de las partes, que ha sido exteriorizada a través de las respectivas declaraciones de voluntad. Para paliar estas posibles oscuridades, el Código Civil español determina unos criterios para extraer esta voluntad de los contratantes.
    Así y en primer lugar, se estará al sentido literal de las cláusulas contractuales si los términos de un contrato son claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes; prevaleciendo la intención de los contratantes si las palabras parecieren contrarias a su «intención evidente».
    Posteriormente, el Código Civil incluye normas para encontrar el sentido de lo buscado por los contratantes, buscando la interpretación en conjunto del contrato y la adecuación a los usos y costumbres para interpretar las palabras de los sujetos del contrato en caso de ambigüedades.
    Nulidad y validez de los contratos
    Existen dos categorías de invalidez contractual: nulidad y anulabilidad.
    Nulidad: Se predica de aquellos contratos que adolecen de alguna carencia en sus requisitos esenciales (consentimiento, objeto y causa). No llegan a «nacer» como contratos y sus efectos (principalmente la devolución de lo dado o prometido, según de quien provenga el incumplimiento).
    Anulabilidad: Sólo pueden anularse aquellos contratos que, existiendo y reuniendo los requisitos del artículo 1261 CC (consentimiento, objeto y causa), «adolezcan de alguno de los vicios que los invalidan».
    Rescisión: Los contratos rescindibles son válidos (reúnen todos sus requisitos esenciales), no infringen prohibición legal alguna, ni están afectados por vicios de la voluntad. Es una forma de ineficacia funcional. Se produce en aquellos supuestos en los que, un contrato regularmente formado, contribuye a obtener un resultado que el Derecho no puede consolidar, como un perjuicio, un fraude o una lesión.
    Son rescindibles, por ejemplo, los contratos que pudieren celebrar los tutores sin autorización judicial, Los celebrados en representación de los ausentes, los celebrados en fraude de acreedores o los contratos que se refieran a cosas litigiosas. La rescisión obliga a la devolución de las cosas dadas (con sus frutos) y del precio (con sus intereses).

    Normativa aplicable
    Arts. 1254 a 1314 CC

       
       

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